sábado, 23 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 1

Sonó el despertador. Eran las siete. Aquella melodía que sonaba todos los días sin excepción le crispaba los nervios. Le recordaba a una… bueno, mejor dicho a la única canción que le cantaba su madre de pequeña cuando estaba lo suficientemente libre como para hacerle caso.
Meredith estaba aún sumida en un profundo sueño, pero no tuvo más remedio que levantarse sino quería llegar tarde. Hizo un gran esfuerzo por salir de la cama. Le pesaban los párpados hasta el punto de que aún no había abierto los ojos. Fue al cuarto de baño que había junto a la habitación y se lavó la cara con agua helada para ver si conseguía desperezarse. Volvió a su habitación para vestirse. Un pantalón vaquero no demasiado ajustado, una camiseta roja de manga francesa y las zapatillas blancas de siempre.                                                                                
Se dio cuenta de que en la cama no había nadie por lo que supuso que Derek tendría una operación a primera hora. Cogió el bolso y las llaves, y se fue sin desayunar. Ya tomaría un café al llegar.                                                                                                                                                    
Justo a tiempo. Se cambió rápido y se puso el pijama azul oscuro.                                      
El vestuario de residentes era mucho mejor que el de internos. No había color. Era como la noche y el día.

Se dirigió al pasillo de los post-operatorios. Quería ver si la señora Rolands había tenido problemas durante la noche. Una apendicectomía era fácil, hasta un interno de primer año no demasiado inepto la podría hacer, pero en el post- operatorio podían aparecer numerosas complicaciones (como en la mayoría de intervenciones). Tenía una ligera infección y la incisión un poco irritada, nada grave si se coge a tiempo. Por lo demás estaba perfecta y siempre con una sonrisa en la casa, aun recién operada. Meredith solo tuvo que ponerle un antibiótico para solucionar el pequeño problema. Salió de la habitación dando un sorbo a su café. Se había quedado frío pero aun así se lo terminó. Tenía demasiada hambre y sueño como para no bebérselo.

En dos horas debía hacer una herniorrafia y todavía no había visto a Derek ni hablado con Cristina. Empezó a andar por el hospital sin rumbo fijo esperando encontrarse con alguien. Se detuvo en la pasarela. Ese sitio le encantaba. Podía ver todo Seattle desde su “segunda casa”. Estaba lloviendo como era de esperar en esa ciudad. Las gotas golpeaban el cristal con brusquedad. Se quedó embobada mirando las pequeñas gotitas de agua caer desde quien sabe donde hasta acabar en uno de los cientos de charcos que había en el suelo. Una voz conocida la devolvió al mundo real.

-¡Grey, Shepherd te está buscando!-  gritó Alex a medio camino de su amiga. – Me ha dicho que te ha mandado un busca pero que no contestas, así que me ha ordenado ir a buscarte.

Se palpó los bolsillos intentando encontrar el busca.

- ¡Mierda!, me lo he debido dejar en el vestuario. – Soltó al darse cuenta de que no lo llevaba encima.

- Ya te vale. La próxima vez va a ir a buscarte quien yo te diga. – Dijo con su tono borde habitual. – Está saliendo del quirófano- añadió mientras se marchaba cabreado.
No le dio importancia al enfado de Alex. Ya estaban acostumbrados a su peculiar carácter.
    
Fue a su encuentro. Estaba en el quirófano 3, aún lavándose.                                   
Meredith no era para nada cursi, sin embargo, aquella sala llena de chismes metálicos que para una persona corriente no eran más que eso, chismes, y una mesa en medio le traía preciosos recuerdos. Aunque ella sabía que solo era otro quirófano más, siempre sería en el que operó por primera vez con el Dr.Shepherd y en el que hizo su primera operación en solitario.

-Me ha llamado el Dr.Collins. Ya están preparando a Cristina. La subirán en un rato. – Dijo nada más verla entrar por la puerta.

Le dio un vuelco al corazón al oírlo. El miedo le invadió el cuerpo. No se podía creer que lo más parecido a una hermana que jamás había tenido estuviera pasando por eso. Sabía que el Dr. Collins era bueno, pero no podía evitar pensar qué sería de ella si algo salía mal.

-No te preocupes, Collins es un gran neurocirujano, está en buenas manos. Ya verás como todo sale bien. –Dijo al ver su cara de preocupación.


- Lo sé, pero ¿y si hay complicaciones?, ¿y si es peor de lo que pensamos?, ¿y si…? –Derek no le dejó terminar. No podía ver a su mujer así. Se abalanzó sobre y ella y le dio un beso al que Meredith respondió con dulzura. Siempre caía rendida a los encantos del Dr. McDreamy (¿Y quién no?) No podía evitarlo.




viernes, 22 de noviembre de 2013

Hola!! Solo quiero deciros un poco de que va a ir esto:
va a ser un fanfic de Anatomía de Grey. Intentaré centrarme lo máximo posible en la pareja de Meredith y Derek, pero ya sabéis que en esto de la escritura nada es seguro y que la imaginación pude llevarte a explorar caminos inimaginables.
También quiero pediros un poco de paciencia por que soy nueva en esto y no demasiado habilidosa.
Los capítulos los iré subiendo lo más regularmente posible pero no os prometo nada por que este año ando bastante mal de tiempo y tengo que estudiar mucho. Cada vez que suba alguno, lo publicaré en mi twitter ( https://twitter.com/20Cristinaa ).
Finalmente solo deciros que lo estoy haciendo con muchísima ilusión y que espero que os guste y disfrutéis tanto como lo estoy haciendo yo.
Un beso,
Cristina.