CAPÍTULO 1
Sonó el despertador. Eran las siete. Aquella melodía que
sonaba todos los días sin excepción le crispaba los nervios. Le recordaba a una…
bueno, mejor dicho a la única canción que le cantaba su madre de pequeña cuando
estaba lo suficientemente libre como para hacerle caso.
Meredith estaba aún sumida en un profundo sueño, pero no
tuvo más remedio que levantarse sino quería llegar tarde. Hizo un gran esfuerzo
por salir de la cama. Le pesaban los párpados hasta el punto de que aún no había
abierto los ojos. Fue al cuarto de baño que había junto a la habitación y se
lavó la cara con agua helada para ver si conseguía desperezarse. Volvió a su habitación
para vestirse. Un pantalón vaquero no demasiado ajustado, una camiseta roja de
manga francesa y las zapatillas blancas de siempre.
Se
dio cuenta de que en la cama no había nadie por lo que supuso que Derek tendría
una operación a primera hora. Cogió el bolso y las llaves, y se fue sin
desayunar. Ya tomaría un café al llegar.
Justo a tiempo. Se cambió rápido y se puso el pijama azul oscuro.
Justo a tiempo. Se cambió rápido y se puso el pijama azul oscuro.
El vestuario de residentes era mucho
mejor que el de internos. No había color. Era como la noche y el día.
Se dirigió al pasillo de los post-operatorios. Quería ver si
la señora Rolands había tenido problemas durante la noche. Una apendicectomía era
fácil, hasta un interno de primer año no demasiado inepto la podría hacer, pero
en el post- operatorio podían aparecer numerosas complicaciones (como en la mayoría
de intervenciones). Tenía una ligera infección y la incisión un poco irritada,
nada grave si se coge a tiempo. Por lo demás estaba perfecta y siempre con una
sonrisa en la casa, aun recién operada. Meredith solo tuvo que ponerle un antibiótico
para solucionar el pequeño problema. Salió de la habitación dando un sorbo a su
café. Se había quedado frío pero aun así se lo terminó. Tenía demasiada hambre
y sueño como para no bebérselo.
En dos horas debía hacer una herniorrafia y todavía no había
visto a Derek ni hablado con Cristina. Empezó a andar por el hospital sin rumbo
fijo esperando encontrarse con alguien. Se detuvo en la pasarela. Ese sitio le
encantaba. Podía ver todo Seattle desde su “segunda casa”. Estaba lloviendo
como era de esperar en esa ciudad. Las gotas golpeaban el cristal con
brusquedad. Se quedó embobada mirando las pequeñas gotitas de agua caer desde
quien sabe donde hasta acabar en uno de los cientos de charcos que había en el
suelo. Una
voz conocida la devolvió al mundo real.
-¡Grey, Shepherd te está buscando!- gritó Alex a medio camino de su amiga. – Me ha
dicho que te ha mandado un busca pero que no contestas, así que me ha ordenado
ir a buscarte.
Se palpó los bolsillos intentando encontrar el busca.
- ¡Mierda!, me lo he debido dejar en el vestuario. – Soltó al
darse cuenta de que no lo llevaba encima.
- Ya te vale. La próxima vez va a ir a buscarte quien yo te
diga. – Dijo con su tono borde habitual. – Está saliendo del quirófano- añadió mientras
se marchaba cabreado.
No le dio importancia al enfado de Alex. Ya estaban
acostumbrados a su peculiar carácter.
Fue a su encuentro. Estaba en el quirófano 3, aún lavándose.
Meredith
no era para nada cursi, sin embargo, aquella sala llena de chismes metálicos
que para una persona corriente no eran más que eso, chismes, y una mesa en medio
le traía preciosos recuerdos. Aunque ella sabía que solo era otro quirófano más,
siempre sería en el que operó por primera vez con el Dr.Shepherd y en el que
hizo su primera operación en solitario.
-Me ha llamado el Dr.Collins. Ya están preparando a
Cristina. La subirán en un rato. – Dijo nada más verla entrar por la puerta.
Le dio un vuelco al corazón al oírlo. El miedo le invadió el
cuerpo. No se podía creer que lo más parecido a una hermana que jamás había tenido
estuviera pasando por eso. Sabía que el Dr. Collins era bueno, pero no podía evitar
pensar qué sería de ella si algo salía mal.
-No te preocupes, Collins es un gran neurocirujano, está en
buenas manos. Ya verás como todo sale bien. –Dijo al ver su cara de preocupación.
- Lo sé, pero ¿y si hay complicaciones?, ¿y si es peor de lo
que pensamos?, ¿y si…? –Derek no le dejó terminar. No podía ver a su mujer así.
Se abalanzó sobre y ella y le dio un beso al que Meredith respondió con
dulzura. Siempre caía rendida a los encantos del Dr. McDreamy (¿Y quién no?) No
podía evitarlo.
